Para AESHROUSH, una batería no tiene por qué ser el centro de una pieza de música electrónica.

Puede sostenerla, modificar su tensión o empujarla hacia adelante, pero su función pertenece a algo mayor.

“Me interesa mucho más crear una atmósfera y contar una historia a través del sonido que simplemente depender de baterías potentes o agresivas”, explica Soroush. “Para mí, la batería forma parte de la narrativa, en lugar de ser el centro absoluto de la música”.

La idea ayuda a entender un proyecto que no comenzó en un club ni frente a un software de producción.

Soroush nació en Irán en 1998 y empezó a trabajar con música tradicional y regional iraní cuando tenía nueve años. Paralelamente fue desarrollando interés por la electrónica, hasta que a los 17 comenzó a producir bajo un nombre artístico diferente.

Desde entonces ha intentado acercar ambos universos sin convertir la tradición iraní en un recurso superficial.

“Siempre he intentado combinar la oscuridad y la profundidad que encontré en los sonidos tradicionales y regionales iraníes con distintas formas de música electrónica, pero de una manera indirecta y alejada de los clichés”.

AESHROUSH nace precisamente de esa búsqueda.

Encontrar un espacio que todavía no existía

Soroush no recuerda un instante exacto en que haya descubierto la música electrónica.

Recuerda otra cosa: una sensación que buscaba y no encontraba.

“Siempre estaba buscando cierta atmósfera y un espacio emocional que no lograba encontrar en otros tipos de música. Finalmente decidí que, en lugar de buscar esa sensación en la música de otra persona, quería crear ese espacio para mí mismo”.

Esa necesidad parece más importante para comprender AESHROUSH que cualquier genealogía estrictamente ligada a un género.

Incluso una de las experiencias que más transformó su manera de producir llegó desde fuera de la electrónica. Hace algunos años escuchó por primera vez una pieza experimental de atmospheric ambient metal. El descubrimiento, cuenta, modificó profundamente su relación con los arreglos, el sonido y hasta con la interpretación de instrumentos.

Es una influencia que ayuda a explicar por qué habla de profundidad, familiaridad y narrativa antes que de potencia.

Parte de sus atmósferas surgen además de sonidos encontrados naturalmente en la vida cotidiana. No busca necesariamente reproducirlos de manera reconocible: le interesa construir alrededor de ellos una sensación familiar, incorporándolos a espacios sonoros que funcionan más como relatos que como demostraciones de fuerza.

La misma lógica de oscuridad aparece en el nombre del proyecto.

AESHROUSH combina Soroush con Aeshma, figura de la antigua tradición iraní asociada a la ira y la violencia. La referencia encuentra correspondencia en la tradición avéstica: Aēšma representa la ira y aparece vinculado a comportamientos violentos y destructivos. (Iranica Online)

En la música de Soroush, sin embargo, esa oscuridad no funciona simplemente como una estética agresiva.

Cuando se le pregunta qué espera provocar en quien lo escucha, enumera cuatro sensaciones:

“Confusión, rabia, emoción y una sensación de estar completamente inmersos en el momento”.

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Missiles Overhead

AESHROUSH

  1. 01
    Constant FlowMezcla original
  2. 02
    Impact ChamberyMezcla original

Crear antes de explicar

Esa relación con lo emocional también atraviesa el nuevo EP que publicará a través de Inherente Project Records.

Preguntarle por el concepto detrás de sus dos tracks produce una respuesta menos programática de lo habitual.

No hay un manifiesto previo. Tampoco una historia construida antes de comenzar a producir.

“Desafortunadamente, o quizás afortunadamente, normalmente no puedo describir una intención específica detrás de la creación de un track”, reconoce.

Para Soroush, la producción suele aparecer como una descarga antes que como la ejecución de una idea previamente definida.

“La mayoría de mis producciones son el resultado de una liberación emocional y psicológica más que de un concepto definido conscientemente. No siempre comienzo un track con un mensaje particular que quiero comunicar. Normalmente lo creo como una forma de expresar aquello que está ocurriendo dentro de mí en ese momento”.

Eso no significa ausencia de identidad.

La identidad aparece precisamente en aquello que se repite sin necesidad de ser planificado: su búsqueda de profundidad, la oscuridad, los recuerdos sonoros, la relación con la tradición y una necesidad constante de construir atmósferas.

En ese espacio pueden convivir elementos de procedencias muy distintas —música regional iraní, electrónica, ambient, metal experimental, sonidos cotidianos— sin necesidad de anunciar explícitamente de dónde viene cada uno.

Una escena que existe, aunque no siempre podamos verla

Hablar con un productor iraní también abre una ventana hacia una parte de la cultura electrónica que rara vez ocupa el centro de la conversación internacional.

Soroush asegura haber participado durante años en distintos sectores de la escena electrónica de su país, principalmente dentro del underground y muchas veces desde el anonimato.

“He actuado como DJ en lugares donde nunca quise ser visto ni asociado públicamente con ese entorno”. Decide no entregar detalles sobre esos espacios.

Y no es necesario conocerlos para comprender algo fundamental: la ausencia de clubes reconocibles, calendarios públicos o festivales visibles internacionalmente no significa que una escena no exista.

Cuando le preguntamos si realmente hay una comunidad de DJs y productores a su alrededor, la respuesta es inmediata:

AESHROUSH de perfil en blanco y negro

“Absolutamente. Hay muchos DJs y productores a mi alrededor y también en todo Irán, y existen personas genuinamente talentosas dentro de la escena”.

También existen encuentros.

Sin mencionar nombres ni ubicaciones, habla de eventos donde el techno ocupa un lugar importante. Muchos funcionan como fiestas de fin de semana, aunque ocasionalmente, explica, algunos alcanzan un nivel que considera respetable tanto en producción como en selección musical.

Su descripción también permite conocer qué está circulando actualmente dentro de esos espacios.

Según Soroush, Melodic Techno y Hardgroove se encuentran entre los estilos con mayor presencia, mientras que durante el último tiempo ha percibido un interés creciente por Industrial Techno y Hard Techno.

El Psytrance, agrega, ocupa un lugar particularmente relevante dentro de la electrónica iraní.

Es la fotografía de alguien que pertenece a esa comunidad, no un mapa definitivo de toda la escena de un país.

Pero cuestiona una idea bastante instalada sobre cómo imaginamos la cultura electrónica.

Las escenas no existen únicamente allí donde pueden documentarse fácilmente desde afuera.

También pueden desarrollarse mediante redes privadas, encuentros pequeños, productores trabajando desde sus casas, comunidades difíciles de observar internacionalmente y personas que deben administrar con mayor cuidado cuánto muestran de su actividad.

Las condiciones alrededor de la música

Es aquí donde la distancia entre distintas realidades deja de ser solamente cultural o musical.

Cuando le preguntamos cuáles son los principales desafíos de desarrollar un proyecto de música electrónica viviendo en Irán, Soroush responde sin rodeos:

“Prisión, fuertes multas económicas e incluso castigos corporales como la flagelación”.

La frase necesita contexto.

No significa que producir un track de música electrónica conduzca automáticamente a esas consecuencias. El propio Soroush explica que producir y publicar música normalmente no representa por sí solo el escenario de mayor riesgo.

Según su experiencia, las posibles consecuencias dependen de las circunstancias y pueden agravarse cuando la música, una actuación o el contexto que la rodea son percibidos como contrarios a los intereses, valores o ideología de las autoridades.

Las presentaciones públicas de electrónica, señala, se encuentran generalmente restringidas, aunque existen excepciones en determinados cafés, restaurantes y espacios similares.

Los castigos corporales que menciona tampoco pertenecen únicamente al terreno abstracto. Organizaciones internacionales continúan documentando el uso de la flagelación como pena en Irán. Amnistía Internacional reportó en marzo de 2025 que un cantante fue sometido a 74 latigazos por interpretar una canción de protesta contra las leyes de uso obligatorio del velo; la organización también ha documentado persecución contra cantantes, periodistas y otros artistas vinculados a distintas formas de expresión. (Amnesty International)

Esto no permite afirmar que “hacer techno en Irán se castiga con flagelación”. Sería una generalización que las fuentes no sostienen.

Sí permite entender por qué para algunos artistas iraníes las decisiones alrededor de tocar, exponerse públicamente o vincular su identidad a ciertos espacios pueden tener implicancias muy distintas a las que enfrenta un productor en otros lugares.

Para Soroush, esa precaución ha significado actuar sin querer ser reconocido públicamente como parte de determinados entornos.

A esto se suman obstáculos mucho menos dramáticos, pero constantes.

Habla de dificultades para abrir y mantener cuentas en plataformas digitales, recibir ingresos internacionales y acceder a equipamiento musical, que describe como caro y en ocasiones difícil de encontrar.

Algunas plataformas globales sencillamente no operan de la misma forma en todos los territorios. Spotify, por ejemplo, continúa sin incluir a Irán entre los países desde los que permite oficialmente registrar una cuenta. (Spotify)

Para un productor independiente, estas diferencias pueden afectar algo tan básico como publicar, cobrar, adquirir herramientas o participar de una industria musical organizada cada vez más alrededor de servicios globales.

No impiden que la música exista. Cambian las condiciones bajo las cuales debe existir.

“La sangre no es interesante”

Las últimas preguntas de nuestra conversación relacionadas con la situación país de Irán fueron planteadas de manera opcional.

Soroush podía decidir no responder cualquier cosa que considerara sensible para él o para quienes lo rodean.

Cuando le preguntamos si el conflicto había modificado su manera de crear música, decidió detenerse.

“No puedo explicarlo. La sangre no es interesante”.

Cuando la pregunta cambia y se concentra en el lugar que ocupa la música dentro de su vida, la respuesta es distinta.

“La música lo es todo para mí: el duelo por la vida que nunca viví, por las personas cercanas a mí que fueron asesinadas y, finalmente, un refugio para mis noches”.

La conversación muestra aquí una dimensión diferente del mismo proyecto que antes describía a través de atmósferas, profundidad y liberación emocional.

Las emociones que atraviesan AESHROUSH no existen únicamente como conceptos estéticos. Hay experiencias detrás de ellas.

Pero incluso enfrentado a preguntas sobre su país, Soroush evita ocupar el lugar de alguien que pide compasión.

Cuando le preguntamos qué le gustaría que quienes observamos la situación desde otros lugares entendiéramos sobre las personas y artistas que viven en Irán, responde:

“No tenemos hambre de comida. Estamos luchando contra la falta de respeto, el derramamiento de sangre y la ausencia de personas cercanas a nosotros que fueron obligadas a marcharse a otros países. No necesitamos lástima ni expresiones de pesar de la Unión Europea, Estados Unidos u otros países que dicen solidarizarse con nosotros”.

Es probablemente uno de los momentos más importantes de la conversación, precisamente porque establece cómo no quiere ser observado.

Conocer las condiciones desde las que alguien produce no significa reducir su trabajo a esas condiciones.

Entenderlas tampoco requiere transformar al artista en representante de un país completo.

Irán forma parte de la historia de AESHROUSH: está en su formación musical, en los sonidos que reconoce desde la infancia, en el nombre del proyecto, en la comunidad electrónica de la que ha formado parte y también en algunos de los obstáculos que encuentra alrededor de ella.

Pero AESHROUSH no es una explicación de Irán. Es un proyecto musical.

De Irán hacia afuera

Hay algo particular en que esta música recorra ahora miles de kilómetros para terminar siendo publicada desde Chile.

Para Soroush, que alguien pueda escucharla desde otros países es simplemente “interesante e importante”.

Sobre publicar a través de un sello chileno, tampoco construye una gran narrativa:

“Me parece interesante y estoy feliz de formar parte de él”.

Su relación con el futuro mantiene la misma sencillez.

No menciona un gran sello al que aspire necesariamente a llegar ni una colaboración utilizada como símbolo de éxito. Está abierto, dice, a trabajar con cualquier persona cuyo lenguaje pueda convivir con su dirección artística y donde la colaboración resulte beneficiosa para ambos.

Hay, sin embargo, una experiencia que sí quiere vivir:

presentarse en grandes eventos underground alrededor del mundo.

El deseo parece especialmente significativo considerando que parte de su recorrido como DJ ha ocurrido en espacios donde prefería no ser identificado.

También completa un recorrido que comenzó muchos años antes de AESHROUSH.

Primero estuvo la música tradicional y regional iraní.

Después apareció una búsqueda difícil de definir: aquella atmósfera que Soroush trataba de encontrar en otros sonidos y que nunca terminaba de aparecer.

Entonces decidió construirla por sí mismo.

Hoy AESHROUSH sigue funcionando como ese espacio: un punto de encuentro entre sonidos heredados y encontrados, entre oscuridad y memoria, entre electrónica y experiencias que no necesariamente necesitan explicarse antes de convertirse en música.

Al final de nuestra conversación, Soroush deja una última idea para quienes se acerquen por primera vez a su trabajo:

Retrato en blanco y negro de AESHROUSH mirando hacia abajo

“Me gustaría decirles a todos que mantengan una mente abierta al explorar sus propias mentes y experiencias, y que eviten la autoglorificación y la confianza fuera de lugar”.

Quizás sea también una manera de entender su música. No como una respuesta cerrada. Como un lugar donde entrar.